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La Coctelera

Categoría: Poetas para tomarlos en cuenta

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RECORDANDO AL MAESTRO JUAN DE DIOS VANEGAS

JOSHUAMORI

Muy bien señala Octavio Robleto, que la poesía nicaragüense es un fenómeno individual por lo destacado de cada uno de sus poetas y es, al mismo tiempo, un fenómeno colectivo por los grupos y movimientos que aglutina. Este hecho se da desde sus comienzos a finales del Siglo XIX, y continuará de esta manera como una realidad tradicional.
La poesía es un inconsciente colectivo que hace florecer en determinado poeta ideales y sueños que, por desgracia, suelen malograrse en la historia y en sus movimientos sociales. La poesía profetiza. Se adelanta a estos movimientos colectivos y si no logra estos vaticinios, los canta cuando suceden, los exalta y así logrará la perdurabilidad de los mismos.

La única manera de entender estos fenómenos culturales es teniendo a la vista una exposición concatenada de los hechos; los motivos por los que se produjeron, sus antecedentes y los autores o autor que los llevaron a cabo.
Esto es lo que logra a cabalidad el libro “EL SIGLO DE LA POESÍA EN NICARAGUA” de Julio Valle Castillo (BANCO UNO, Colección Centroamericana). Obra en verdad monumental, casi 2000 páginas, tres tomos, distintas periodizaciones y notas de toda índole… que servirá de consulta a los lectores contemporáneos y será de gran utilidad para los lectores de los cien años posteriores. Se trata de una retrospectiva de la poesía nicaragüense y a la vez abre una perspectiva en el juicio valorativo de cada uno de los autores allí incluidos.
En el tomo I aparecen 21 poetas: (1880-1940), los modernistas despreciados, subestimados, pero fundadores, descubridores de la nación, del paisaje, del habla, de las estaciones y del indio: Román Mayorga Rivas, Rubén Darío, Santiago Argüello, Juan de Dios Vanegas, Solón Argüello, J. T. Olivares, Azarías H. Pallais, J. Augusto Flores Z., Rafael Montiel, Lino Argüello, Ramón Sáenz Morales, Alfonso Cortés y Antenor Sandino Hernández; son los modernistas.

Pablo Antonio Cuadra escribía: Nicaragua es uno de los pocos países de América -a pesar de su pequeñez y escasa población- que puede darse el lujo de grabar en la mente de su pueblo a través de un variado conjunto de valiosos poemas, los valores y los conceptos fundamentales en que se basa el patriotismo, la tradición creadora y la identidad del nicaragüense.
Es en este sentido y con este significado doble de poder (de verso y reverso) que la poesía puede establecer una relación conyugal con la democracia.
Porque la poesía no acepta -sin negarse a sí misma- que su finalidad (que es "hacer" el poema) sea regida por otra cosa que la poesía misma. "La poesía -dice un texto sánscrito- es una palabra cuyo sabor es la esencia".
Y Dante nos da testimonio de que la poesía puede nacer en el infierno -en la noche oscura del dolor- como en el cielo, en la más sobrecogedora expresión del éxtasis.
El poeta puede y debe comprometerse (y yo pienso que al luchar por la libertad ya está dando el primer paso en la lucha por la justicia); pero la poesía no acepta otro compromiso que la misma poesía. O cae. O decae. Por eso !ay! del poeta que cree vender su poesía -por servilismo, fanatismo o venalidad-: lo que entrega es un billete falso. Un plagio de sí mismo en sus mejores recursos, pero el resultado es un cadáver preparado y maquillado en la funeraria del poeta.

Entonces, desconfiemos de las generosas inspiraciones que cantan con igual entusiasmo -sólo cambiando algunos adjetivos- al tirano o a la democracia, al partido o al caudillo. Fiémonos de la democracia cuando se filtra en la poesía en tanto y en cuanto se ha filtrado antes en la conciencia del poeta, como el único sistema no perfecto que da amparo a todos los derechos del hombre, a la libertad de crear y al ideal de justicia... Se infiltra como humanismo. Y la poesía, que no sirve -como sirve la prosa- para hablar de alguna cosa, sino que "hace" alguna cosa con las palabras ("la poesía no tiene por fin conocer, sino crear", dice Jacques Maritain), la poesía, desde dentro de su independiente belleza, hace sentir al hombre sentimientos o hace nacer pensamientos que en esencia son piedras vivas de la democracia, raíces vivas.
Y ese es el hermoso caso de nuestra Nicaragua: que leemos a diario a Salomón de la Selva, a Alfonso Cortés, a Juan de Dios Vanegas, a José Coronel, a Joaquín Pasos, a Ernesto Mejía Sánchez, a Luís Alberto Cabrales, a Antenor Sandino, y tantos más... Y sentimos que se edifica y surge una urbe verbal para mansión del ser nicaragüense; y que esa ciudad ideal, si se analiza, es, para quien sabe interpretar los sueños: la Democracia.

Para muchos que se han detenido a leer este escrito se preguntarán quién fue Juan de Dios Vanegas , nicaragüense nacido en una ciudad muy histórica de Nicaragua como es León, ciudad que conocí en esos viajes que uno transita y tuve la oportunidad de no solo adentrarme por mi interés en los poetas de León , que no solo ha acobijado a Rubén Darío sino otros como Salomón de la Selva , Alfonso Cortés, quienes dejaron poesías maravillosas que en el tiempo presente se pueden leer por lo que ellas representan, especialmente para aquellos a quienes le interesa la poesía.

El Dr. Juan De DiosVanegas además de ser jurista, un excelente abogado en su época, fue un rector muy querido en la Universidad de León, y sobre todo un educador, verdadero docente que además de compartir su sapiencia, sabía motivar a sus estudiantes en pro de que estos aprovecharan su talentos y colaboró para que salieran de esa ciudad buenos profesionales. José Jirón Terán escribió un interesante libro: Rubén Darío visto por Juan de Dios Vanegas
EL BUTACO
Juan de Dios Vanegas (1873-1964)

Triste butaco antiguo que, ornado de tachuelas
Y forrado en lustrosa baqueta ennegrecida,
Evocas en silencio las canosas abuelas
Durmiéndose en la margen oscura de la vida.

Eres el arca mágica de familiares sueños
Vividos en los tiempos de veladas dichosas,
Entre rosquillas de oro, chocolates risueños,
Cuentos de brujerías, barajas silenciosas.

A tu vida reviven las dulces horas muertas
De la divina infancia, con sus alas abiertas
Y sus tiernos anhelos dentro del corazón.

El canto de la madre que mece al niño y cose;
Los pasos del abuelo abstraído que tose,
Y que la mecha prende a golpes de eslabón.

Cabe recordar que en vida el Dr. Juan de Dios Vanegas formo parte de los Juegos Florales

Los “Juegos Florales” nacieron en León el 3 de junio de 1906, por iniciativa del Dr. Juan de Dios Vanegas, promovidos por la Academia de Bellas Artes.
En ese primer certamen participaron, además, los poetas Santiago Argüello, Manuel Maldonado, Salvador Sacasa, Juan de Dios Vanegas y la pianista Margarita Rochi de Alonso.
Las obras ganadoras de los primeros lugares de los Juegos Florales 2000 fueron “Cro-Nicas para la edad del hombre”, en la rama cuento y “Las ciruelas que guardé en la hielera”, en poesía.

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ALFONSO CORTES Y SU POESIA EN LEON

Foto
JOSHUAMORI

Thomas Merton, el gran poeta y monje norteamericano, y traductor al inglés de la poesía de Cortés afirma: "Cortés ha escrito una de las poesías más profundamente "metafísicas" que existe. Obseso por la naturaleza de la realidad, este poeta intuye lo inexpresable

Joaquín Pasos, dijo de este sublime genial:

"Alfonso Cortés tiene el alma de madera. Es duro y sin pulir, como un verdadero primitivo, y trabaja quizás por instinto. Sin embargo, nació con la armonía en una mano. Educado bajo la tutela de Darío, Verlaine y demás simbolistas, camina con ellos, pero se les adelanta pegando gritos y llega hasta nosotros, solo. El nos siente, como nosotros lo sentimos a él. El es nuestro precursor. Porque es fuertemente poeta. Tiene fuerza de poesía, esa solidez de piedra roca, esa musculatura espiritual que golpea y aturde. Alfonso Cortés es un gigante capaz de matar a cualquiera de un grito.

Y es triste a veces, muy triste, porque el pájaro de su alma no puede volar en horizontes tan pequeños.
Y además, arrastra una tragedia, la gran tragedia de su vida.
Conociendo a Alfonso Cortés, su dolor y su fuerza, es cuando me indignan estos burgueses estúpidos. ¡Imbéciles

Hay que conocer león para saber quien es Alfonso Cortés. Tuve la fortuna de transitar por esa ciudad muy antigua, llena de historia y en donde con su catedral tan antigua es una joya, quizá no con la tanta elegancia, majestuopsidad de ornamentos que presentan muchas catedras e iglesias Europeas, pero si con la responsabilidad de que en una de sus naves descansa los retos del gran poesta Rubén Daríoy sus propios restos , que como lo indica la página dariana. comsu espíritu, "hombre-montaña encadenado a un lirio" y"ebrio de azur", sigue bogando, "pellizcando la piel de la noche", formulando preguntas a Dios, defendiendo a los salvajes, mostrándonos el camino.Me tocó camniar por sus adoquinadas calles e ir a su antigua universidad en donde se han graduados grandes talentos nicaragüense, así como estar su pequeña plaza, frente a la catedral en donde se dieron batallas y que siempre las ha contemplado la estatua de Máximo jerez y los dos leones de la entrada de la catedral
Para quienes no conocen esta ciudad les señalo, que ahí se liberó a Nicaragua de la dictadura de los Somozas por el magnicidio que cometió un brillante y humilde poeta como fue Rigoberto López Pérez´Justamente en la plaza principalestuvieron detenidos todos lo que participaron en ese baile de la casa del obrero en donde se dio muerte a Anastacio Somoza.
Por cosas que aveces no manejamos, me toco pasar por esos lados, y así adentrarme en lo que encierra esta ciudad en historia, poesía, lucha. Fue como me enteré de Alfonso
Cortés y me llamó mucho la atención su poesía mística.

Se ha escrito, que aació en León en 1893. Una noche de febrero de 1927, en la casa donde vivía, la misma casa solariega de Rubén Darío, se volvió loco

En el cuarto de la casa donde lo encadenaban debido a sus crisis de furia, había una ventana de viejos barrotes coloniales. Ahí se cuenta que escribió su famoso poema "Un detalle". José Coronel Urtecho sugirió que le cambiasen el título por el de "Ventana", argumentando

"¿"Un detalle"? ¿Por qué un detalle y no una ventana? Una prisión oscura de muros altos y una ventana. Me he preguntado, constantemente me pregunto: ¿Será esta la más bella poesía de la lengua española? ¿La más bella poesía de todas las lenguas? La recito para mí solo cada vez que quiero evadirme, salir, sentirme superior a mí mismo. Yo no sé qué es lo que hace que una poesía sea superior a las otras, pero ¿Rubén hizo nada más alto, nada más veloz, nada más escapado? Nada".

Por su parte, ya en el manicomio donde pasó después gran parte del resto de su vida, Alfonso dijo --explica Ernesto Cardenal-- "que el poema se refiere a los ojos azules de una mujer cuyo nombre --Angélica— está escrito en él"."La canción del espacio" fue el primer poema fruto de su locura, el primer poema alfonsino. Se identificaba con Alfonso Quijano y hacía el paralelo de que tanto él como don Quijote habían estado tras unos barrotes

Consideraba a Rubén Darío su "rival: "Yo soy menor que Darío Sarmiento --Rubén Darío-- pero más profundo; soy un poeta menor como Quevedo", aseguraba. Muere en su León natal, en 1969

Damaris Corté pereira, escibe, que Alfonso se introdujo furtivamente en los cielos y caminó por líneas especiales cobijadas con el ropaje especial y espacial de la «metafísica». ¿Acaso ese caminar alfonsino tuvo el sello del compás intermitente permitido por sus momentos de lucidez, cuyos segundos, minutos u horas convertía en siglos? ¿o fue quizás ese mundo muy especial de la anormalidad, quien le permitió tejer con hilos del más allá, maravillosas figuras poéticas que no calzaban en el entorno que rodeó su concepción? En los últimos años la humanidad ha acrecentado su interés por rasgar la cortina que separa a nuestro planeta tierra, de otros mundos, los acercamientos con seres de otras dimensiones se han incrementado, según relatos de los actores que han tenido esas experiencias; todo este acontecer empuja al hombre hacia una constante reflexión que gira alrededor del círculo ¿qué somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, qué o quiénes nos rodean?, Alfonso Cortés se adelantó en el tiempo y el espacio y a marchas forzadas, pero siempre hacia adelante produciendo su legado literario-metafísico, que lo ubica en el ayer, en el hoy y en el mañana.

Erwin Silva al respecto de Cortés escribe que es un enigma, más no del todo indescifrable si el lector propone una lectura sobre la ontología abierta que se trasluce y se infiere de los propios poemas alfonsinos.

Ontología en la dimensión de Cortés es la ontología fundamental. Y ésta se caracteriza por ser abierta como el mismo ser, es una apertura a todos los entes inclusive al ente que pastorea al ser que es el hombre. La radicalidad del existir humano la constituye el movimiento mismo de la comprensión del ser toda vez que no hay más verdad que la del ser en su autoluminosidad, ni otro sentido que el del tiempo sobre el cual el hombre se arroja como proyecto.

Esto, por supuesto, nos lo ha enseñado ya Martín Heidegger en su Sein und Zeit. Sin embargo cuando leemos a Alfonso, el poeta que eleva la condición metafísica del nicaragüense, es imposible obviar que el ser en su poesía ocupa un lugar cimero, es digámoslo así una experiencia que lo lanza al infinito, lo eterniza y le pone en presencia de Dios.

El punto de partida de un análisis fundamental del hombre y el poeta unido de una forma excéntrica en Alfonso Cortés, no es sólo la profundidad sino la altura de la solución ontológica lo que nos sorprende puesto que, sin ser filósofo, da la respuesta filosófica sintetizada, y en ella coinciden tanto belleza como el des-velamiento de la verdad que emana fontanal de su poesía.

Si tuviéramos que definir la ontología de Cortés, diríamos que es la finitud esencial de los límites del hombre. Vivir es la experiencia de lo finito. El hombre se siente y se comprende vulnerado por la muerte desde el primer vivir. Este hecho impulsa al hombre (Alfonso Cortés) a una estrategia, a una búsqueda o a una salida del tiempo, y en esta tentativa prepara la vía para el infinito al que ve como un por-venir.

En el caso de Alfonso, una paradoja metafísica fundamenta su poética y un énfasis del ser se patentiza cada vez que habla del hombre o nos proyecta su yo grandioso que es el poeta y el hombre al mismo tiempo en una “esencia inconfundida”, en una flor del fruto.
Algunas poesías:

LA CANCIÓN DEL ESPACIO
La distancia que hay de aquí a

una estrella que nunca ha existido

porque Dios no ha alcanzado a

pelllizcar tan lejos la piel de la

noche! Y pensar que todavía creamos

que es más grande o más

útil la paz mundial que la paz

de un solo salvaje...
Este afán de relatividad de

nuestra vida contemporánea --es--

lo que da al espacio una importancia

que sólo está en nosotros, --

y quién sabe hasta cuándo aprenderemos

a vivir como los astros--

libres en medio de lo que es sin fin

y sin que nadie nos alimente.
La tierra no conoce los caminos

por donde a diario anda --y

más bien esos caminos son la

conciencia de la tierra... --Pero si

no es así, permítaseme hacer una

pregunta: --Tiempo, dónde estamos

tú y yo, yo que vivo en ti y

tú que no existes?

IRREVOCABLEMENTE
Por donde quiera que escudriña la mirada,

sólo encuentra los pálidos pantanos de la Nada;

flores marchitas, aves sin rumbo, nubes muertas...

Ya no abrió nunca el cielo ni

la tierra sus puertas!

Días de lasitud, desesperanza y tedio;

no hay más para la vida que el fúnebre remedio

de la muerte, no hay más, no hay más, no hay más

que caer como un punto negro y vago

en la onda lívida del lago, para siempre jamás...

YO

Muchos me han dicho: --El viento, el mar, la lluvia, el grito

de los pastores... Otros: --La hembra humana y el cielo;

otros: --La errante sombra y el invisible velo

de la Verdad, y aquellos: --La fantasía, el mito.
Yo no. Yo sé que todo es inefable rito

en el que oficia un coro de arcángeles en vuelo,

y que la eternidad vive en sagrado celo,

en el que engrenda el Hombre y pare lo infinito.
Por eso, mis palabras son silencio hablado,

y en la fatal urdimbre de cada ser, encuentro

difícil lo sabido y fácil lo ignorado...
Yo soy el Mercader de una divina feria

en la que infinito es círculo sin centro

y el número la forma de lo que es materia.



Erwin Silva nos agrega finalmente, que es indudable que el espíritu de Alfonso Cortés pone en contacto a la poesía con la mística. Sin embargo, esto no sería completo si no se considera reflexiva la experiencia de Dios que en Cortés deriva en palabra y no en silencio.

Dios es idea, pero es una experiencia que ante todo, le hace estar en presencia de la Divinidad. Y esta experiencia parte de lo sensorial, de lo físico. A Dios se le ve sudar por los poros de su frente arrugada. Tal sudor es eterno como es eternal la actividad de Dios. Alfonso Cortés es un poeta que tiene a Dios al lado, es alguien familiar que le comunica secretos y de quien él respira el perfume del paraíso. Dios está en el joven sonido del agua, en el viento y la mujer y es, por igual, gran demiurgo que realiza al Universo. Más debe aclararse que Alfonso Cortés experimenta a Dios desde su existencia (lo pre-vé) sin resolver la incógnita de su vida, empero indefectiblemente siente que lo resolverá en el futuro cuando vea plenamente a Dios, la terrible aurora.

Alfonso Cortés se figura a Dios de manera antropomórfica y lo identifica con la belleza. Y al hombre lo sabe finito, insatisfecho, aventurero y nostálgico. Es muy probable que las lecturas teosóficas hayan modelado su figuración de Dios como actividad e infinitud a cuyo culto ofreció su alma, consiguiendo con ello situarse en la avanzada humana que trasciende, partiendo de la visión de que existe un oculto paraíso donde el espíritu es rosa que se abre a “los vientos de Dios”.
VIVA LEÓN JODIDOes el Grito simbólico de los leones , quienes se sienten orgulloso de su pasado, de su historia.













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EL POETA SALOMON DE LA SELVA Y SANDINO

JOSHUAMORI

"Salomón de la Selva fue el primero que en lengua española aprovechó las experiencias de la poesía norteamericana contemporánea; no sólo introdujo en el poema los giros coloquiales y el prosaismo sino que el tema mismo de su libro único –El soldado desconocido (1922)— también fue novedoso en nuestra lírica: la primera guerra vista y vivida".

Octavio Paz

Como Rubén Darío, el mejor Salomón de la Selva se encuentra en sus poemas con aspecto clásico, en los cuales bajo la forma algo fría palpita una gran pasión tropical

Para muchos dse la generación del presente , Salomón de la Selva es un desconocido, no obstante, es un gran poeta nicaragüense que nos lego hermosas poesías para ser tomadas en cuenta. ¿Quién fue Salomón de la Selva? Nació en León en 1893. Se marchó a los Estados Unidos a la edad de 13 años, donde fue adoptado como hijo por un millonario. Estudió en el exclusivo William College, donde fungió luego como profesor de español. Tal como lo relata dariana.com. Su primer libro de versos fue en inglés: Tropical Town and Other Poems, publicado en Nueva York en 1918. Formó parte de varias antologías norteamericanas publicadas en EE.UU. durante los años veinte --por ejemplo, The Book of American Poetry compilada por Edwin Markham-- donde figuró como uno de los poetas más valiosos de la nueva generación estadounidense. Perteneció a los círculos literarios de los poetas jóvenes de Nueva York en aquella época (como Edna St. Vincent Millay, Stephen Vincent Benet.

Se lo relacionó románticamente con la poeta que durante la década de los años veinte era para los estadounidenses la encarnación de la poesía, Edna St. Vincent Millay. Ella dejó uno de sus más bellos poemas marcando con piedra blanca uno de los momentos que pasaron juntos. Lo tituló precisamente "Recuerdo", en español. Peleó en la Primera Guerra Mundial al servicio del rey de Inglaterra y su experiencia de esta guerra fue el tema de su segundo libro de versos, esta vez en español: El soldado desconocido, publicado en México en 1922 con ilustraciones de Diego Rivera. En sus años juveniles estuvo muy vinculado con el movimiento sindicalista de los Estados Unidos y fue secretario del famoso líder obrero Samuel Gompers.

Desde 1935 se quedó viviendo en México por casi todo el resto de su vida. Influyó en la política mexicana, aunque secretamente, siendo consejero del presidente Alemán, con su hermano Rogelio de la Selva

Se ha dicho que Salomón era la persona más informada en América Latina de lo que ocurría tras bastidores en la política de los EE.UU

Fue embajador de Nicaragua en París, donde murió en 1958

Entre sus poesías presentamos:

LA BALA

La bala que me hiera
será bala con alma.
El alma de esa bala
será como sería
la canción de una rosa
si las flores cantaran
o el olor de un topacio
si las piedras olieran,
o la piel de una música
si nos fuese posible
tocar a las canciones
desnudas con las manos.

Si me hiere el cerebro
me dirá: yo buscaba
sondear tu pensamiento.
Y si me hiere el pecho
me dirá: (Yo quería
decirte que te quiero!

PRISIONEROS

Son gente.
De eso no cabe duda.
Gente como nosotros,
que come, que duerme, que se entume, que suda,
que odia, que ama.
Gente como toda la gente,
y sin embargo – diferente.

Como les hemos arrancado
todos los botones,
caminan agarrándose
los pantalones,
y llevan el cuerpo doblegado.

Pudiera ser cansancio,
pero no es eso.
Pudiera ser vergüenza…
En fin, qué nos importa:
¡Son nuestros prisioneros!

Está prohibido darles cigarrillos.
Bien. Se los daré a escondidas.
Alguno de ellos debe haber leído
a Goethe; o será de la familia de Beethoven,
de Kant; o sabrá tocar el violonchelo

A todo ello se agrega lo que la Editorial Nueva Nicaragua publicó en 1985 La guerra de Sandino o pueblo desnudo, una novela corta, escrita por el poeta Salomón de la Selva en 1935 e inédita desde ese año. La obra fue presentada como «... un testimonio de la intervención yanqui en Nicaragua, una denuncia del entreguismo de la burguesía de la época, una exaltación de la lucha de Sandino (1928-1929) al frente de su ‘pequeño ejército loco’»1 La descripción precedente, que acentúa la identificación de Salomón de la Selva con la lucha de Sandino, es confirmada en una breve biografía del poeta, escrita por Mariano Fiallos Gil y publicada en León en 1963. El bardo, según esta última fuente, se encontraba «en 1932... en San José, Costa Rica, trabajando en periodismo. Publica trabajos diversos en el ‘Repertorio Americano’ del Sr. García Monge, ya con su propio nombre o con seudónimo, usando el de ‘Juan del Camino’ y otros. Hay en las colecciones del reputado semanario... informaciones y comentarios sobre la gloriosa guerra del Gral. Sandino en las montañas de Nicaragua contra la marinería yanqui.»2 El examen de varios documentos consulares estadounidenses procedentes de Costa Rica y Nicaragua obliga, sin embargo, a valorar de nuevo cuán identificado pudo estar de la Selva con la lucha de Sandino. El mayor A. R. Harris, de la legación de San José, describió al poeta en enero de 1932 como «...un refugiado nicaragüense. Es violentamente antimoncadista y bastante antiestadounidense. Aunque a menudo está ebrio, es el mejor reportero que hay en Costa Rica. Es reportero en el Diario de Costa Rica. Constantemente está haciendo todo lo puede para desprestigiar a Moncada y a los marinos.»3 La afirmación anterior fue ejemplificada por Harris con una entrevista que de la Selva efectuó al Secretario de Relaciones Exteriores de Costa Rica, en la cual lo interrogó acerca de lo expresado por el Presidente de Nicaragua en el mensaje que presentó al Congreso en diciembre de 1931. El general José María Moncada admitió en esa ocasión que consideraba declarar la guerra al país que le ofrecía un fuerte apoyo al movimiento de Sandino. El diplomático costarricense cautamente advirtió que él no conocía el documento citado por el poeta, pero según Harris el daño ya estaba consumado: «tanto Salomón de la Selva como [el canciller de Costa Rica] sabían que el Presidente Moncada se refería a Honduras, pero debe notarse que en esta entrevista, Selva hace aparecer a Moncada como si estuviera amenazando a Costa Rica. Él intenta provocar problemas por todos los medios a su alcance»4 Lo interesante del documento anterior es que, en términos políticos, el poeta destaca más por ser un antimoncadista que por simpatizar con Sandino. La actitud ambigua que tenía al respecto se visibiliza de nuevo en una entrevista que de la Selva y Gabry Rivas (otro antimoncadista nicaragüense exiliado en Costa Rica) sostuvieron en San José, el 14 de abril de 1932, con el diplomático estadounidense Charles C. Eberhardt. El principal interés de Rivas, según la minuta de la conversación, era volver a Nicaragua para participar en la próxima campaña electoral y, al ser interrogado sobre su situación legal en dicho país, afirmó que «...Moncada no le permitiría regresar a pesar de que la amnistía decretada perdonaba a todos excepto a los sandinistas. Él ofreció mostrar al señor Eberhardt una copia de La Gaceta en la cual el decreto en cuestión excluía específicamente a los sandinistas y a nadie más. Entonces, se refirió extensamente al hecho de que él siempre se había opuesto a Sandino, y que en sus publicaciones y conferencias, tanto en Estados Unidos como en Sur América, lo había atacado constantemente.»5 El poeta, presente durante esta confesión política e ideológica de Gabry Rivas, había expresado, unos minutos antes, la razón básica por la cual se encontraba allí; según Eberhardt, «Selva resaltó que él había roto su conexión con el Diario de Costa Rica (se entiende que el motivo fueron ciertas economías hechas por el periódico) y que él y Rivas planeaban realizar un programa de radio de una hora de duración en una emisora local, en el cual incluirían contenidos de naturaleza cultural, despachos noticiosos y lecciones de inglés, con publicidad para poder financiar la actividad. Él preguntó al señor Eberhardt si la Legación podría apoyar la empresa financieramente y también suministrar noticias, etc. El señor Eberhardt contestó que no había fondos para tales propósitos, y que las asignaciones existentes estaban siendo estrictamente restringidas, y que en cuanto a las noticias, la Legación tenía poco material de índole general, pero en la medida en que el mismo pudiera ser hecho público, él amablemente se los suministraría, al igual que lo hacía con la prensa local».6 Los visitantes, de acuerdo con Eberhardt, elogiaron particularmente al ex-Presidente conservador Adolfo Díaz, «...a quien consideraron desinteresado y leal».7 El proceder del poeta, en tales circunstancias, distaba mucho del punto de vista de Sandino, quien consideraba a Díaz el arquetipo del político sumiso, al extremo de calificarlo en su momento de traidor.8 La ambivalencia de Salomón de la Selva se evidenciaría de nuevo posteriormente, tras la firma del acuerdo de paz de febrero de 1933. El 25 de este último mes, el Repertorio Americano publicó un extenso artículo, firmado por Juan del Camino y titulado «La capitulación de Sandino», en el que se acotaba: «...el rebelde nicaragüense que acaba de capitular es un producto del medio primitivo de estos pueblos. No hay que culparlo porque se le conoció término a su capacidad... Se apagó una esperanza y asomó con perfiles claros el cacique metido en la politiquería. Nada hubiera adelantado la liberación de aquel pueblo con el triunfo del rebelde que capituló. Sólo habría cambiado de amo.»9 El 9 de marzo de 1933, el periódico josefino La Prensa Libre publicó una respuesta al artículo del Repertorio, firmada por Norberto Salinas de Aguilar, en el cual se decía: «Sandino ha marcado un derrotero durante seis años... Seis años en los que, lo que se necesitaba, era sangre que verter, manos que empuñaran rifles, pechos que detuvieran balas yanquis. Los Juan del Camino todo ese tiempo «se acercaban» a esa «empresa de liberación» sin menearse de sus sillones de biblioteca propia... en el sacrificio de Sandino, los Juan del Camino no participaron, ni ofrendaron su sangre, ni pasaron hambres, fatigas y desvelos, ni siquiera dieron su dinero para suministrarles rifles y parque a los sandinistas.»10 La identidad de los contendientes en este debate parece estar clara: Juan del Camino, como lo advierte Fiallos Gil, fue uno de los pseudónimos usados por de la Selva, en tanto que Salinas de Aguilar, quien también estuvo exiliado en Costa Rica, fue editor de la revista Sandino.11 Eberhardt, sin embargo, tenía otra opinión sobre quiénes eran los polemistas: en un informe fechado el 23 de marzo de 1933 en San José, afirmaba que «...Juan del Camino [es] el pseudónimo de Octavio Jiménez Alpízar, con cuyos sentimientos antiestadounidenses el Departamento [de Estado] es familiar... Aunque el artículo [publicado en La Prensa Libre] fue firmado por Norberto Salinas de Aguilar, emigrado nicaragüense quien ha residido por algún tiempo en Costa Rica, he sido informado por una fuente de entera confianza que fue escrito por otro emigrado, Salomón de la Selva.»12 Lo expuesto por el diplomático estadounidense, sin embargo, deja varias dudas: si efectivamente «La capitulación de Sandino» fue un artículo escrito por Jiménez Alpízar, ¿por qué el poeta no reivindicó ese pseudónimo como uno de los que él también había usado? La aclaración de lo anterior parece fundamental, ya que el comentario publicado por La Prensa Libre descalifica sin distinción a todos los Juan del Camino. ¿Sería de la Selva el autor de una contestación en la que extendía una grave duda sobre sí mismo? ¿Por qué, además, firmó la respuesta como Norberto Salinas de Aguilar en vez de con su propio nombre? La impresión de que Eberhardt erraba al identificar a los protagonistas del debate parece ser confirmada por lo que dicho diplomático agregaba al final de su informe: el 11 de marzo de 1933, Juan del Camino publicó otro artículo en el Repertorio Americano, en el cual, al examinar el caso de Cuba, citaba copiosamente al periodista estadounidense Carleton Beals,13 autor del célebre Banana Gold.14 Este último personaje, según lo indicado por Fiallos Gil, fue socio de Salomón de la Selva en la edición de El Digesto Latinoamericano, un semanario bilingüe que se imprimía en Panamá en 1934.15 La dudosa simpatía de Salomón de la Selva por la lucha de Sandino y su claro acercamiento a la legación estadounidense en San José coinciden con su experiencia previa en el mundo sindical. El poeta, durante los años 1924 y 1925, impulsó la afiliación de la Federación Obrera Nicaragüense a la Confederación Obrera Panamericana, adscrita a su vez a la American Federation of Labor. Esta iniciativa lo enfrentó con Sofonías Salvatierra, quien consideraba que el propósito del bardo era utilizar al movimiento obrero para alcanzar una posición que le permitiera cotizarse políticamente.16 El papel jugado por el poeta en el San José de 1932 y 1933 corrobora a la vez las complejidades de su protagonismo en los universos de la política y la cultura: aparte de sus actividades en contra del gobierno de Moncada, tuvo un duelo a muerte con León Cortés (entonces Secretario de Estado y futuro Presidente de Costa Rica),17 y fue un agudo crítico de la plástica costarricense de esa época. La pintura en particular, con su énfasis en los paisajes rurales y las casas de adobe, desagradó a de la Selva, quien en octubre de 1932 no vaciló en atribuir un carácter «turístico» y «glorificador» a obras que hoy figuran entre los clásicos del arte tico.18 El caso de Salomón de la Selva, más allá de su discutible identificación con Sandino, patentiza la urgencia de avanzar en la construcción de una historia de los intelectuales que incorpore las diversas facetas de la vida cultural de Centroamérica. Lo básico, en tal sentido, es no limitarse a los textos y círculos puramente literarios o artísticos, y esforzarse por ubicar a los sujetos de estudio en los diversos contextos en que dejaron su impronta: entre otros, el sindical, con sus movilizaciones y organizaciones; el político, con sus alianzas, traiciones y promesas; el de la cultura de masas, con el atractivo de influenciar la opinión pública vía el periódico y la radio y, simultáneamente, alcanzar el éxito económico; y el imperial, con todas sus posibilidades de beneficio, apoyo y financiamiento para los partidarios de los designios de Washington. La contextualización de los intelectuales en las coordenadas políticas y culturales en que les tocó vivir no supone necesariamente un juicio sobre sus textos, ya se trate de escritos literarios o académicos. Las vidas y las obras no tienen por qué ir de la mano; pero, sin duda, la investigación competente de unas permite comprender mejor a las otras, y viceversa. El poeta Salomón de la Selva quizá no fue tan sandinista como usualmente se creyó, e incluso estuvo en tratos con la diplomacia imperial en San José; pero sus poemas contribuyeron a abrir nuevos caminos para la poesía política en la Nicaragua del siglo XX.19