Joshuamori
Para muchos pasan a ser ficción estos seres, para otrros no, lo cierto que indagando en lo que se ha escrito sobre ellos, se encuentra que los supuestos contactos sexuales entre hipotéticas entidades sobrenaturales y los humanos aparecen en todas las culturas. En la tradición bíblica judeocristiana el mismo Génesis sugiere que en el principio de los tiempos “los hijos de los dioses se juntaron con las hijas de los hombres” dando lugar a una raza de gigantes. Sin embargo habrían de transcurrir muchos siglos para que la Iglesia Católica afrontase directamente este espinoso tema. Y cuando lo hizo, la paranoia más irracional, y la obsesión más enfermiza se cebó en uno de los mitos que más ha manchado de sangre las incólumes túnicas del clero.

A partir del siglo XIII, con la instauración de la Santa Inquisición, los casos de supuestos contactos sexuales con los demonios comenzaron a multiplicarse.

Los íncubos y súcubos serían, según los demonólogos cristianos, los demonios que, obedeciendo órdenes de Satán, tendrían encuentros sexuales con los humanos.
Incubos y súcubos, términos que provienen de incubare y sucubare -estar acostado debajo, o encima-, serían seres sobrenaturales, pero capaces me materializarse en nuestro universo tridimensional dotados de cuerpos reales y físicos, con carne y sangre, y esperma… Los íncubos serían demonios con forma de varón, cuya misión sería la de cohabitar con mujeres humanas; y los súcubos serían diablesas femeninas que fornicarían con los hombres
Nos refiere Dalto al infinito, que los sucubos son espiritus de las sombras, son femeninos y buscan de todas formas acercarse a los hombres para excitarlos durante la noche en sus sueños. La palabra sucubo, tambien proviene del latin (sucubare), y se entiende que significa yacer abajo, es decir que se colocan debajo del hombre tal como haria una mujer. Tratan de extraer de ellos el germen de la vida y llevarse ese liquido corporal hasta un centro de reunion con el cual trataran de hacer lo mismo que los incubos, engendrar al anticristo.
Esta es la mitologia de la edad media que ha llegado hasta nuestros dias, pero en realidad el fin conciso de ellos es alimentarse de las energias vitales de las personas a traves del contacto fisico - espiritual de su sexualidad.
Existen espiritus de personas desencarnadas que tambien buscan lo mismo, son espiritus que no se han elevado hacia el cielo espiritual y quedan en un mundo intermedio entre la materia y el espiritu puro, para los esotericos se trata del mundo astral, que un plano intermedio donde caben todas las posibilidades segun el contenido mental y emocional de las personas. Estos espiritus, al igual que los incubos y los sucubos se comportan de igual manera, pero su razon es la de continuar con un contacto corporal ilusorio con las personas que han querido o deseado en vida. Puede que suceda que ademas de no haberse elevado, todavia quede en su contenido mental-emocional el deseo vivo de un encuentro amoroso con determinada persona, o que haya sido un sicopata sexual. Estos espiritus no son elevados ni mucho menos, no han tenido una relacion de amor verdadero, sino que por el contrario, el sexo siempre domino sus vidas. Existen casos en que las personas vivas han comunicado que en sueños o en la soledad de sus habitaciones son asaltados por espiritus que buscan tener una relacion con ellos. Estos espiritus tambien pueden acoplarse al sistema energetico del ser humano y posarse en determinadas zonas, como asi tambien quedarse en la casa como un habitante mas. Pueden manifestarse de acuerdo a su personalidad y atacar a extraños si notan que tratan de hacer algun daño a la persona que ellos quieren y por la que estan alli, como asi tambien ponen muchas trabas en el camino del desarrollo personal o afectivo de la persona, es decir que no les permiten que tenga una pareja estable o que se case, etc.
Estos espiritus al igual que los incubos y los sucubos pueden alejarse del sitio a traves de un exorcismo y rezos especiales para llevarlos a un lugar de descanso en el caso de los espiritus desencarnados, o para alejarlos definitivamente en caso de incubos o sucubos
Tanto los íncubos como los súcubos acostumbraban a visitar a los mortales en sus lechos para tener relaciones con ellos. Al despertar, en muchas ocasiones, de no ser por encontrar restos de sangre o semen en las sábanas, los violados solo recordaban la experiencia como un sueño erótico. Tanto es así que algunos reputados demonólogos, como el mismísimo San Agustín,, negaron durante algún tiempo que estos lujuriosos demonios tuviesen cuerpos físicos. Según la angeología católica, los ángeles -y por ende también los demonios- no poseen cuerpo físico. Sin embargo, ante la avalancha de testimonios recogidos por los inquisidores, San Agustín y sus contemporáneos terminaron por aceptar la realidad física de estas supuestas entidades demoníacas.
De esta forma, estudiosos de la talla de Santo Tomás de Aquino, Alejandro Magno, Ulrich Molitor, Martín de Arles, Pedro de la Palau, Roger Bacon, Suns Scoto, San Agustín o los autores del famoso Malleus Maleficarum aceptaron y respaldaron en sus obras la existencia real de íncubos y súcubos.
Estos “vistantes de dormitorios” estubieron presentes en numerosos procesos inquisitoriales por brujería. Sería interminable enumerar todos los casos en que un acusado de hechicería confesó su trato carnal con los demonios. Alexee Drigie, Claudia Fellet, Didatia de Miremont, Juana D`Abadie y tantos otros, narraron con todo lujo de detalles sus encuentros sexuales con los diablos. Sin embargo debemos tener presente que muchas de esas confesiones fueron arrancadas de los acusados utilizando espeluznantes instrumentos de tortura. El sillón de clavos, el potro, el sarcófago o tantos otros sistemas de interrogatorio inquisitorial harían confesar al más pío de los mortales todos los crímenes y aberraciones que el torturador desease. Confesar cualquier absurda práctica infernal sería preferible a soportar los tormentos del monstruoso sarcófago inquisitorial.
En sus confesiones, las víctimas del tormento descríbían a los demonios de las formas más diversas. Las mujeres seducidas describían el falo de los íncubos, unas como un miembro tan grande como su antebrazo, y otras como más pequeño que el meñique. El semen para unas era frío como el hielo, y para otras ardiente como las brasas. Sin embargo, la descripción más habitual de estos “visitantes de alcoba” era el de unos hombrecitos de baja estatura, cabello revuelto y gran pene siempre erecto, que tenía dolorosos encuentros sexuales con su víctima, pudiendo llegar a dejarla embarazada. Según una antigua tradición así nacerá el Anticristo, fruto de la violación de un íncubo a una virgen. Tradición conservada actualmente por algunos satanistas modernos.
Entre los nombres dados a estos demonios súcubos por los demonólogos, están Ábrale, Baltazo, Bietka, Filotano, Florina Vasordiel, Mancerinio y Lilito y en Haití Metrezili, estos son unos pocos nombres entres muchos mas. La creencia en los incubos y súcubos es de fecha antigua ya que los galos conocían los incubos con el nombre de Drusios; Agustín de Hipona dice “seria imprudente negar un hecho tan establecido y que en todos los pueblos han hablado de ellos.” Los hebreos por medio de la Biblia lo remontan a los primeros tiempos de los primeros hombres por los ángeles caídos.