JOSHUAMORI

"Salomón de la Selva fue el primero que en lengua española aprovechó las experiencias de la poesía norteamericana contemporánea; no sólo introdujo en el poema los giros coloquiales y el prosaismo sino que el tema mismo de su libro único –El soldado desconocido (1922)— también fue novedoso en nuestra lírica: la primera guerra vista y vivida".

Octavio Paz

Como Rubén Darío, el mejor Salomón de la Selva se encuentra en sus poemas con aspecto clásico, en los cuales bajo la forma algo fría palpita una gran pasión tropical

Para muchos dse la generación del presente , Salomón de la Selva es un desconocido, no obstante, es un gran poeta nicaragüense que nos lego hermosas poesías para ser tomadas en cuenta. ¿Quién fue Salomón de la Selva? Nació en León en 1893. Se marchó a los Estados Unidos a la edad de 13 años, donde fue adoptado como hijo por un millonario. Estudió en el exclusivo William College, donde fungió luego como profesor de español. Tal como lo relata dariana.com. Su primer libro de versos fue en inglés: Tropical Town and Other Poems, publicado en Nueva York en 1918. Formó parte de varias antologías norteamericanas publicadas en EE.UU. durante los años veinte --por ejemplo, The Book of American Poetry compilada por Edwin Markham-- donde figuró como uno de los poetas más valiosos de la nueva generación estadounidense. Perteneció a los círculos literarios de los poetas jóvenes de Nueva York en aquella época (como Edna St. Vincent Millay, Stephen Vincent Benet.

Se lo relacionó románticamente con la poeta que durante la década de los años veinte era para los estadounidenses la encarnación de la poesía, Edna St. Vincent Millay. Ella dejó uno de sus más bellos poemas marcando con piedra blanca uno de los momentos que pasaron juntos. Lo tituló precisamente "Recuerdo", en español. Peleó en la Primera Guerra Mundial al servicio del rey de Inglaterra y su experiencia de esta guerra fue el tema de su segundo libro de versos, esta vez en español: El soldado desconocido, publicado en México en 1922 con ilustraciones de Diego Rivera. En sus años juveniles estuvo muy vinculado con el movimiento sindicalista de los Estados Unidos y fue secretario del famoso líder obrero Samuel Gompers.

Desde 1935 se quedó viviendo en México por casi todo el resto de su vida. Influyó en la política mexicana, aunque secretamente, siendo consejero del presidente Alemán, con su hermano Rogelio de la Selva

Se ha dicho que Salomón era la persona más informada en América Latina de lo que ocurría tras bastidores en la política de los EE.UU

Fue embajador de Nicaragua en París, donde murió en 1958

Entre sus poesías presentamos:

LA BALA

La bala que me hiera
será bala con alma.
El alma de esa bala
será como sería
la canción de una rosa
si las flores cantaran
o el olor de un topacio
si las piedras olieran,
o la piel de una música
si nos fuese posible
tocar a las canciones
desnudas con las manos.

Si me hiere el cerebro
me dirá: yo buscaba
sondear tu pensamiento.
Y si me hiere el pecho
me dirá: (Yo quería
decirte que te quiero!

PRISIONEROS

Son gente.
De eso no cabe duda.
Gente como nosotros,
que come, que duerme, que se entume, que suda,
que odia, que ama.
Gente como toda la gente,
y sin embargo – diferente.

Como les hemos arrancado
todos los botones,
caminan agarrándose
los pantalones,
y llevan el cuerpo doblegado.

Pudiera ser cansancio,
pero no es eso.
Pudiera ser vergüenza…
En fin, qué nos importa:
¡Son nuestros prisioneros!

Está prohibido darles cigarrillos.
Bien. Se los daré a escondidas.
Alguno de ellos debe haber leído
a Goethe; o será de la familia de Beethoven,
de Kant; o sabrá tocar el violonchelo

A todo ello se agrega lo que la Editorial Nueva Nicaragua publicó en 1985 La guerra de Sandino o pueblo desnudo, una novela corta, escrita por el poeta Salomón de la Selva en 1935 e inédita desde ese año. La obra fue presentada como «... un testimonio de la intervención yanqui en Nicaragua, una denuncia del entreguismo de la burguesía de la época, una exaltación de la lucha de Sandino (1928-1929) al frente de su ‘pequeño ejército loco’»1 La descripción precedente, que acentúa la identificación de Salomón de la Selva con la lucha de Sandino, es confirmada en una breve biografía del poeta, escrita por Mariano Fiallos Gil y publicada en León en 1963. El bardo, según esta última fuente, se encontraba «en 1932... en San José, Costa Rica, trabajando en periodismo. Publica trabajos diversos en el ‘Repertorio Americano’ del Sr. García Monge, ya con su propio nombre o con seudónimo, usando el de ‘Juan del Camino’ y otros. Hay en las colecciones del reputado semanario... informaciones y comentarios sobre la gloriosa guerra del Gral. Sandino en las montañas de Nicaragua contra la marinería yanqui.»2 El examen de varios documentos consulares estadounidenses procedentes de Costa Rica y Nicaragua obliga, sin embargo, a valorar de nuevo cuán identificado pudo estar de la Selva con la lucha de Sandino. El mayor A. R. Harris, de la legación de San José, describió al poeta en enero de 1932 como «...un refugiado nicaragüense. Es violentamente antimoncadista y bastante antiestadounidense. Aunque a menudo está ebrio, es el mejor reportero que hay en Costa Rica. Es reportero en el Diario de Costa Rica. Constantemente está haciendo todo lo puede para desprestigiar a Moncada y a los marinos.»3 La afirmación anterior fue ejemplificada por Harris con una entrevista que de la Selva efectuó al Secretario de Relaciones Exteriores de Costa Rica, en la cual lo interrogó acerca de lo expresado por el Presidente de Nicaragua en el mensaje que presentó al Congreso en diciembre de 1931. El general José María Moncada admitió en esa ocasión que consideraba declarar la guerra al país que le ofrecía un fuerte apoyo al movimiento de Sandino. El diplomático costarricense cautamente advirtió que él no conocía el documento citado por el poeta, pero según Harris el daño ya estaba consumado: «tanto Salomón de la Selva como [el canciller de Costa Rica] sabían que el Presidente Moncada se refería a Honduras, pero debe notarse que en esta entrevista, Selva hace aparecer a Moncada como si estuviera amenazando a Costa Rica. Él intenta provocar problemas por todos los medios a su alcance»4 Lo interesante del documento anterior es que, en términos políticos, el poeta destaca más por ser un antimoncadista que por simpatizar con Sandino. La actitud ambigua que tenía al respecto se visibiliza de nuevo en una entrevista que de la Selva y Gabry Rivas (otro antimoncadista nicaragüense exiliado en Costa Rica) sostuvieron en San José, el 14 de abril de 1932, con el diplomático estadounidense Charles C. Eberhardt. El principal interés de Rivas, según la minuta de la conversación, era volver a Nicaragua para participar en la próxima campaña electoral y, al ser interrogado sobre su situación legal en dicho país, afirmó que «...Moncada no le permitiría regresar a pesar de que la amnistía decretada perdonaba a todos excepto a los sandinistas. Él ofreció mostrar al señor Eberhardt una copia de La Gaceta en la cual el decreto en cuestión excluía específicamente a los sandinistas y a nadie más. Entonces, se refirió extensamente al hecho de que él siempre se había opuesto a Sandino, y que en sus publicaciones y conferencias, tanto en Estados Unidos como en Sur América, lo había atacado constantemente.»5 El poeta, presente durante esta confesión política e ideológica de Gabry Rivas, había expresado, unos minutos antes, la razón básica por la cual se encontraba allí; según Eberhardt, «Selva resaltó que él había roto su conexión con el Diario de Costa Rica (se entiende que el motivo fueron ciertas economías hechas por el periódico) y que él y Rivas planeaban realizar un programa de radio de una hora de duración en una emisora local, en el cual incluirían contenidos de naturaleza cultural, despachos noticiosos y lecciones de inglés, con publicidad para poder financiar la actividad. Él preguntó al señor Eberhardt si la Legación podría apoyar la empresa financieramente y también suministrar noticias, etc. El señor Eberhardt contestó que no había fondos para tales propósitos, y que las asignaciones existentes estaban siendo estrictamente restringidas, y que en cuanto a las noticias, la Legación tenía poco material de índole general, pero en la medida en que el mismo pudiera ser hecho público, él amablemente se los suministraría, al igual que lo hacía con la prensa local».6 Los visitantes, de acuerdo con Eberhardt, elogiaron particularmente al ex-Presidente conservador Adolfo Díaz, «...a quien consideraron desinteresado y leal».7 El proceder del poeta, en tales circunstancias, distaba mucho del punto de vista de Sandino, quien consideraba a Díaz el arquetipo del político sumiso, al extremo de calificarlo en su momento de traidor.8 La ambivalencia de Salomón de la Selva se evidenciaría de nuevo posteriormente, tras la firma del acuerdo de paz de febrero de 1933. El 25 de este último mes, el Repertorio Americano publicó un extenso artículo, firmado por Juan del Camino y titulado «La capitulación de Sandino», en el que se acotaba: «...el rebelde nicaragüense que acaba de capitular es un producto del medio primitivo de estos pueblos. No hay que culparlo porque se le conoció término a su capacidad... Se apagó una esperanza y asomó con perfiles claros el cacique metido en la politiquería. Nada hubiera adelantado la liberación de aquel pueblo con el triunfo del rebelde que capituló. Sólo habría cambiado de amo.»9 El 9 de marzo de 1933, el periódico josefino La Prensa Libre publicó una respuesta al artículo del Repertorio, firmada por Norberto Salinas de Aguilar, en el cual se decía: «Sandino ha marcado un derrotero durante seis años... Seis años en los que, lo que se necesitaba, era sangre que verter, manos que empuñaran rifles, pechos que detuvieran balas yanquis. Los Juan del Camino todo ese tiempo «se acercaban» a esa «empresa de liberación» sin menearse de sus sillones de biblioteca propia... en el sacrificio de Sandino, los Juan del Camino no participaron, ni ofrendaron su sangre, ni pasaron hambres, fatigas y desvelos, ni siquiera dieron su dinero para suministrarles rifles y parque a los sandinistas.»10 La identidad de los contendientes en este debate parece estar clara: Juan del Camino, como lo advierte Fiallos Gil, fue uno de los pseudónimos usados por de la Selva, en tanto que Salinas de Aguilar, quien también estuvo exiliado en Costa Rica, fue editor de la revista Sandino.11 Eberhardt, sin embargo, tenía otra opinión sobre quiénes eran los polemistas: en un informe fechado el 23 de marzo de 1933 en San José, afirmaba que «...Juan del Camino [es] el pseudónimo de Octavio Jiménez Alpízar, con cuyos sentimientos antiestadounidenses el Departamento [de Estado] es familiar... Aunque el artículo [publicado en La Prensa Libre] fue firmado por Norberto Salinas de Aguilar, emigrado nicaragüense quien ha residido por algún tiempo en Costa Rica, he sido informado por una fuente de entera confianza que fue escrito por otro emigrado, Salomón de la Selva.»12 Lo expuesto por el diplomático estadounidense, sin embargo, deja varias dudas: si efectivamente «La capitulación de Sandino» fue un artículo escrito por Jiménez Alpízar, ¿por qué el poeta no reivindicó ese pseudónimo como uno de los que él también había usado? La aclaración de lo anterior parece fundamental, ya que el comentario publicado por La Prensa Libre descalifica sin distinción a todos los Juan del Camino. ¿Sería de la Selva el autor de una contestación en la que extendía una grave duda sobre sí mismo? ¿Por qué, además, firmó la respuesta como Norberto Salinas de Aguilar en vez de con su propio nombre? La impresión de que Eberhardt erraba al identificar a los protagonistas del debate parece ser confirmada por lo que dicho diplomático agregaba al final de su informe: el 11 de marzo de 1933, Juan del Camino publicó otro artículo en el Repertorio Americano, en el cual, al examinar el caso de Cuba, citaba copiosamente al periodista estadounidense Carleton Beals,13 autor del célebre Banana Gold.14 Este último personaje, según lo indicado por Fiallos Gil, fue socio de Salomón de la Selva en la edición de El Digesto Latinoamericano, un semanario bilingüe que se imprimía en Panamá en 1934.15 La dudosa simpatía de Salomón de la Selva por la lucha de Sandino y su claro acercamiento a la legación estadounidense en San José coinciden con su experiencia previa en el mundo sindical. El poeta, durante los años 1924 y 1925, impulsó la afiliación de la Federación Obrera Nicaragüense a la Confederación Obrera Panamericana, adscrita a su vez a la American Federation of Labor. Esta iniciativa lo enfrentó con Sofonías Salvatierra, quien consideraba que el propósito del bardo era utilizar al movimiento obrero para alcanzar una posición que le permitiera cotizarse políticamente.16 El papel jugado por el poeta en el San José de 1932 y 1933 corrobora a la vez las complejidades de su protagonismo en los universos de la política y la cultura: aparte de sus actividades en contra del gobierno de Moncada, tuvo un duelo a muerte con León Cortés (entonces Secretario de Estado y futuro Presidente de Costa Rica),17 y fue un agudo crítico de la plástica costarricense de esa época. La pintura en particular, con su énfasis en los paisajes rurales y las casas de adobe, desagradó a de la Selva, quien en octubre de 1932 no vaciló en atribuir un carácter «turístico» y «glorificador» a obras que hoy figuran entre los clásicos del arte tico.18 El caso de Salomón de la Selva, más allá de su discutible identificación con Sandino, patentiza la urgencia de avanzar en la construcción de una historia de los intelectuales que incorpore las diversas facetas de la vida cultural de Centroamérica. Lo básico, en tal sentido, es no limitarse a los textos y círculos puramente literarios o artísticos, y esforzarse por ubicar a los sujetos de estudio en los diversos contextos en que dejaron su impronta: entre otros, el sindical, con sus movilizaciones y organizaciones; el político, con sus alianzas, traiciones y promesas; el de la cultura de masas, con el atractivo de influenciar la opinión pública vía el periódico y la radio y, simultáneamente, alcanzar el éxito económico; y el imperial, con todas sus posibilidades de beneficio, apoyo y financiamiento para los partidarios de los designios de Washington. La contextualización de los intelectuales en las coordenadas políticas y culturales en que les tocó vivir no supone necesariamente un juicio sobre sus textos, ya se trate de escritos literarios o académicos. Las vidas y las obras no tienen por qué ir de la mano; pero, sin duda, la investigación competente de unas permite comprender mejor a las otras, y viceversa. El poeta Salomón de la Selva quizá no fue tan sandinista como usualmente se creyó, e incluso estuvo en tratos con la diplomacia imperial en San José; pero sus poemas contribuyeron a abrir nuevos caminos para la poesía política en la Nicaragua del siglo XX.19