Cuentan que un día Nasrudín golpeaba a las puertas del cielo de los iluminados. BUSCANDO Muy tarde por la noche Nasrudin se encuentra dando vueltas alrededor de una farola, mirando hacia abajo. Pasa por allí un vecino. El vecino se queda con él para ayudarle a buscar. Después de un rato, pasa una vecina. Luego, otro vecino se une a ellos. Juntos buscan y buscan y buscan. Habiendo buscado durante un largo rato acaban por cansarse. Un vecino pregunta: Nasrudin conversaba con un amigo. - Entonces, ¿Nunca pensaste en casarte? - Sí pensé -respondió Nasrudin. -En mi juventud, resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco, y conocí una mujer muy espiritual y linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo. Continué viajando, y fui a Isfahan; allí encontré una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita. Entonces resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa, y conocedora de la realidad material. - ¿Y por qué no te casaste con ella? - ¡Ah, compañero mío! Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto. Nasrudín estaba tan harto de las quejas continuas de su esposa que decidió divorciarse. SENDAS DIFERENTES - Tú eres un gran místico -le dijo uno de sus pupilos a Nasrudín-, y sin duda sabrás por qué los hombres siguen sendas diferentes a lo largo de su vida, en vez de seguir todos unas únicas sendas. AVENTURAS EN EL DESIERTO Cuando estaba en el desierto -dijo un día el Mulá Nasrudín-, hice correr a toda una tribu de horribles y sanguinarios beduinos. Algo cayó Al oír un tremendo ruido, la mujer de Nasrudín corrió hacia el cuarto de aquél. - “¡Hoy tendremos un importante concurso!”, dijo. “Quien descubra lo que está envuelto en este pañuelo recibirá de regalo el huevo que está dentro”.

JOSHUA
Muchos cuentos interesantes nos dejo el gran sufi Mulla Nasdurin, que invitan a ser considerados, reflexionados, porque encierran mensajes en pro de nuestro crecimiento espiritual. Se dice que sus cuentos son paradójicos que causan más efecto al releerlos que al leerlos por vez primera. De hecho, la lectura inicial puede causar o bien estupefacción o bien indiferencia, y la sorpresa llega cuando en la segunda, tercera o cuarta relectura nos vamos encontrando que el cuento adquiere cada vez un nuevo significado (o si lo prefieren, vamos penetrando en capas más profundas del inconsciente), y encontrando nuevas respuestas al enigma planteado.
A manera de ejemplo:
-¿Quién es?- preguntaron desde adentro.
-Soy yo- dijo Nasrudín- Ábreme.
-No tengo lugar para ti, vete.
Nasrudín insistió.
-¿Quién es?- volvieron a preguntar desde dentro.
-Soy tú- dijo Nasrudín- Ábreme.
-Si de verdad eres yo, ya estás de este lado, no hace falta abrir, vete.
Por tercera vez Nasrudín golpeó.
-¿Quién es?- se escuchó preguntar.
-Somos nosotros- dijo Nasrudín- Tú y yo. Ábreme.
-No hay espacio para los dos ,vete.
Por última vez, Nasrudín golpeó.
-¿Quién es?- fue otra vez la pregunta.
-No lo sé- dijo Nasrudín.
Y la puerta se abrió..."
- ¿Qué estás haciendo Nasrudín, has perdido alguna cosa?- le pregunta.
- Sí, estoy buscando mi llave.
-¿Qué estáis haciendo? - les pregunta.
- Estamos buscando la llave de Nasrudín.
Ella también quiere ayudarlos y se pone a buscar.
- Nasrudín, hemos buscado tu llave durante mucho tiempo, ¿estás seguro de haberla perdido en este lugar?
- No, dice Nasrudín
- ¿dónde la perdiste, pues?
- Allí, en mi casa.
- Entonces, ¿por qué la estamos buscando aquí?
- Pues porque aquí hay más luz y mi casa está muy oscura.
- ¿Cuál es el nombre de su esposa? -preguntó el juez.
- No tengo ni idea -contestó Nasrudín-.
- ¿Ha estado casado durante veinte años y no sabe el nombre de su mujer?
- ¿Por qué debo saber el nombre de una mujer de la que me quiero divorciar? -replicó Nasrudín-.
- Sencillo -contestó el maestro-. Si todo el mundo siguiera la misma senda, todos acabaríamos en el mismo lugar; el mundo, perdido el equilibrio, se inclinaría, y todos nos caeríamos al océano.
- ¿Cómo lograste esto?
- Fue fácil. Lo único que hice fue correr, y ellos corrieron detrás de mi.
- No hay por qué preocuparse -dijo el Mulá-, es sólo mi manto que se ha caído al suelo.
- ¿Qué? ¿Y es eso que provocó semejante ruido?
- Así es. Lo que pasa es que yo estaba dentro de él cuando se cayó.
- “Lo que está en este pañuelo tiene un centro que es amarillo como una yema, rodeado de un líquido del color de la clara, que a su vez está contenido dentro de una cáscara que se rompe fácilmente. Es un símbolo de fertilidad y nos recuerda a los pájaros que vuelan hacia sus nidos. Entonces, ¿quién puede decirme lo que está escondido?”
Todos los habitantes pensaban que Nasrudin tenía en sus manos un huevo, pero la respuesta era tan obvia que nadie quiso pasar vergüenza delante de los otros. ¿Y si no fuese un huevo, sino algo muy importante, producto de la fértil imaginación mística de los sufís? Un centro amarillo podía significar algo del sol, el líquido a su alrededor tal vez fuese algún preparado de alquimia. No, no, aquel loco estaba queriendo que alguien hiciera el ridículo.
Nasrudin preguntó dos veces más y nadie se arriesgó a decir algo impropio. Entonces, abrió el pañuelo y mostró a todos el huevo.
- “Todos vosotros sabíais la respuesta”, afirmó, “y nadie osó traducirla en palabras. Así es la vida de aquellos que no tienen el valor de arriesgarse: las soluciones nos son dadas generosamente, pero estas personas siempre buscan explicaciones más complicadas, y terminan no haciendo nada. Sólo una cosa convierte en imposible un sueño: el miedo a fracasar.

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