JOSHUAMORI

Muy bien señala Octavio Robleto, que la poesía nicaragüense es un fenómeno individual por lo destacado de cada uno de sus poetas y es, al mismo tiempo, un fenómeno colectivo por los grupos y movimientos que aglutina. Este hecho se da desde sus comienzos a finales del Siglo XIX, y continuará de esta manera como una realidad tradicional.
La poesía es un inconsciente colectivo que hace florecer en determinado poeta ideales y sueños que, por desgracia, suelen malograrse en la historia y en sus movimientos sociales. La poesía profetiza. Se adelanta a estos movimientos colectivos y si no logra estos vaticinios, los canta cuando suceden, los exalta y así logrará la perdurabilidad de los mismos.

La única manera de entender estos fenómenos culturales es teniendo a la vista una exposición concatenada de los hechos; los motivos por los que se produjeron, sus antecedentes y los autores o autor que los llevaron a cabo.
Esto es lo que logra a cabalidad el libro “EL SIGLO DE LA POESÍA EN NICARAGUA” de Julio Valle Castillo (BANCO UNO, Colección Centroamericana). Obra en verdad monumental, casi 2000 páginas, tres tomos, distintas periodizaciones y notas de toda índole… que servirá de consulta a los lectores contemporáneos y será de gran utilidad para los lectores de los cien años posteriores. Se trata de una retrospectiva de la poesía nicaragüense y a la vez abre una perspectiva en el juicio valorativo de cada uno de los autores allí incluidos.
En el tomo I aparecen 21 poetas: (1880-1940), los modernistas despreciados, subestimados, pero fundadores, descubridores de la nación, del paisaje, del habla, de las estaciones y del indio: Román Mayorga Rivas, Rubén Darío, Santiago Argüello, Juan de Dios Vanegas, Solón Argüello, J. T. Olivares, Azarías H. Pallais, J. Augusto Flores Z., Rafael Montiel, Lino Argüello, Ramón Sáenz Morales, Alfonso Cortés y Antenor Sandino Hernández; son los modernistas.

Pablo Antonio Cuadra escribía: Nicaragua es uno de los pocos países de América -a pesar de su pequeñez y escasa población- que puede darse el lujo de grabar en la mente de su pueblo a través de un variado conjunto de valiosos poemas, los valores y los conceptos fundamentales en que se basa el patriotismo, la tradición creadora y la identidad del nicaragüense.
Es en este sentido y con este significado doble de poder (de verso y reverso) que la poesía puede establecer una relación conyugal con la democracia.
Porque la poesía no acepta -sin negarse a sí misma- que su finalidad (que es "hacer" el poema) sea regida por otra cosa que la poesía misma. "La poesía -dice un texto sánscrito- es una palabra cuyo sabor es la esencia".
Y Dante nos da testimonio de que la poesía puede nacer en el infierno -en la noche oscura del dolor- como en el cielo, en la más sobrecogedora expresión del éxtasis.
El poeta puede y debe comprometerse (y yo pienso que al luchar por la libertad ya está dando el primer paso en la lucha por la justicia); pero la poesía no acepta otro compromiso que la misma poesía. O cae. O decae. Por eso !ay! del poeta que cree vender su poesía -por servilismo, fanatismo o venalidad-: lo que entrega es un billete falso. Un plagio de sí mismo en sus mejores recursos, pero el resultado es un cadáver preparado y maquillado en la funeraria del poeta.

Entonces, desconfiemos de las generosas inspiraciones que cantan con igual entusiasmo -sólo cambiando algunos adjetivos- al tirano o a la democracia, al partido o al caudillo. Fiémonos de la democracia cuando se filtra en la poesía en tanto y en cuanto se ha filtrado antes en la conciencia del poeta, como el único sistema no perfecto que da amparo a todos los derechos del hombre, a la libertad de crear y al ideal de justicia... Se infiltra como humanismo. Y la poesía, que no sirve -como sirve la prosa- para hablar de alguna cosa, sino que "hace" alguna cosa con las palabras ("la poesía no tiene por fin conocer, sino crear", dice Jacques Maritain), la poesía, desde dentro de su independiente belleza, hace sentir al hombre sentimientos o hace nacer pensamientos que en esencia son piedras vivas de la democracia, raíces vivas.
Y ese es el hermoso caso de nuestra Nicaragua: que leemos a diario a Salomón de la Selva, a Alfonso Cortés, a Juan de Dios Vanegas, a José Coronel, a Joaquín Pasos, a Ernesto Mejía Sánchez, a Luís Alberto Cabrales, a Antenor Sandino, y tantos más... Y sentimos que se edifica y surge una urbe verbal para mansión del ser nicaragüense; y que esa ciudad ideal, si se analiza, es, para quien sabe interpretar los sueños: la Democracia.

Para muchos que se han detenido a leer este escrito se preguntarán quién fue Juan de Dios Vanegas , nicaragüense nacido en una ciudad muy histórica de Nicaragua como es León, ciudad que conocí en esos viajes que uno transita y tuve la oportunidad de no solo adentrarme por mi interés en los poetas de León , que no solo ha acobijado a Rubén Darío sino otros como Salomón de la Selva , Alfonso Cortés, quienes dejaron poesías maravillosas que en el tiempo presente se pueden leer por lo que ellas representan, especialmente para aquellos a quienes le interesa la poesía.

El Dr. Juan De DiosVanegas además de ser jurista, un excelente abogado en su época, fue un rector muy querido en la Universidad de León, y sobre todo un educador, verdadero docente que además de compartir su sapiencia, sabía motivar a sus estudiantes en pro de que estos aprovecharan su talentos y colaboró para que salieran de esa ciudad buenos profesionales. José Jirón Terán escribió un interesante libro: Rubén Darío visto por Juan de Dios Vanegas
EL BUTACO
Juan de Dios Vanegas (1873-1964)

Triste butaco antiguo que, ornado de tachuelas
Y forrado en lustrosa baqueta ennegrecida,
Evocas en silencio las canosas abuelas
Durmiéndose en la margen oscura de la vida.

Eres el arca mágica de familiares sueños
Vividos en los tiempos de veladas dichosas,
Entre rosquillas de oro, chocolates risueños,
Cuentos de brujerías, barajas silenciosas.

A tu vida reviven las dulces horas muertas
De la divina infancia, con sus alas abiertas
Y sus tiernos anhelos dentro del corazón.

El canto de la madre que mece al niño y cose;
Los pasos del abuelo abstraído que tose,
Y que la mecha prende a golpes de eslabón.

Cabe recordar que en vida el Dr. Juan de Dios Vanegas formo parte de los Juegos Florales

Los “Juegos Florales” nacieron en León el 3 de junio de 1906, por iniciativa del Dr. Juan de Dios Vanegas, promovidos por la Academia de Bellas Artes.
En ese primer certamen participaron, además, los poetas Santiago Argüello, Manuel Maldonado, Salvador Sacasa, Juan de Dios Vanegas y la pianista Margarita Rochi de Alonso.
Las obras ganadoras de los primeros lugares de los Juegos Florales 2000 fueron “Cro-Nicas para la edad del hombre”, en la rama cuento y “Las ciruelas que guardé en la hielera”, en poesía.