JOSHUAMORI
No se puede negar que el estrés, la presión, agotamiento, persecución se da en las universidades en todos aquellos que forman parte de la comunidad universitaria.

Desde luego, son muchas las causas que a ello se debe y que no pueden ser ignoradas por lo que representa en cuanto al logro de la misión de éstas.

Sobre este tema justamente Francisco Ramos de la Universidad de Salamanca comenta, que el síndrome de Burnout (o "síndrome de estar quemado", "síndrome de quemarse por el trabajo", "síndrome de la quemazón", "síndrome del estrés laboral asistencial") es una respuesta al estrés laboral crónico que se produce principalmente en el marco laboral de las profesiones que se centran en la prestación de servicios. El objetivo de estas profesiones es cuidar los intereses o satisfacer las necesidades del usuario (ciudadano, paciente, cliente, alumno etc.), y se caracterizan por trabajar en contacto directo con las personas a las que se destina el trabajo que realizan. Los profesionales sanitarios (médicos, enfermeras, auxiliares), los profesionales de la educación (profesores, maestros, educadores o cuidadores), los psicólogos, los trabajadores sociales, los funcionarios de prisiones, o los policías, han sido identificados como colectivos ocupacionales proclives al desarrollo del síndrome. También puede afectar a otros colectivos como los empleados de la Administración Pública, los directivos, los políticos, los periodistas, los corredores de bolsa, las amas de casa etc. Incluso recientemente se habla de "estudiantes quemados" (Ramos,1999). En los últimos años, el interés por el tema del síndrome de Burnout ha crecido considerablemente. El concepto fue acuñado inicialmente por Freudenberger (1974). Más tarde Maslach (1976) lo adoptó para designar la respuesta al estrés laboral crónico que ocurre en profesionales que trabajan con personas y se implican en los problemas de éstas. El síndrome se asoció inicialmente a los profesionales de la salud, de la educación y en profesionales que trabajaban en los servicios humanos (funcionarios de prisiones, policías, secretarias). Es en estos colectivos en los que se ha llevado a cabo la mayor parte de la investigación empírica realizada. Posteriormente, el término se ha hecho muy popular, incluso es un término de moda en círculos profesionales de psicólogos, sociólogos, directivos, empresas, vendedores, etc. Entre la gente joven, sobre todo estudiantes universitarios, no es raro oír la expresión "estoy quemado".

El Burnout ha sido definido de diferentes maneras. En un sentido amplio Burnout es sinónimo de estrés laboral crónico, que provoca un sinfín de problemas de salud en el individuo y de falta de rendimiento en las organizaciones. Otras definiciones son más restrictivas, relacionan el Burnout exclusivamente con aquellos profesionales que trabajan en los diferentes servicios humanos.

A pesar de su popularidad el término carece de claridad conceptual y aunque existen diferencias puede solaparse o confundirse con otros constructos como estrés, agotamiento, insatisfacción laboral, ansiedad, depresión, mobbing etc. La mayor parte de los investigadores adoptan la definición de Maslach y Jackson (1981, 1982) que consideran el Burnout como un constructo multidimensional definido por el Agotamiento, el Cinismo y la falta de Realización Personal en el trabajo. Así mismo, se insiste en la naturaleza procesual de desarrollo del síndrome y en las consecuencias negativas que suele tener tanto para el sujeto que lo padece, como para la organización en la que trabaja.

A nivel personal el sujeto afectado por el síndrome puede abusar del café, del alcohol, de la comida, de fumar, de los barbitúricos, de las drogas etc; suele tener malas relaciones y muchos conflictos con los que le rodean (familiares, compañeros, amigos); se siente terriblemente frustrado personal y profesionalmente. Por todo ello, su salud física y mental puede ser muy precaria.

A nivel laboral la persona quemada no rinde profesionalmente, llega tarde al trabajo, sale temprano del mismo, se ausenta o esta fuera del área de trabajo lo más posible, suele estar largos períodos sin hacer nada. Para la organización puede dar lugar a un grave deterioro del rendimiento profesional del sujeto, y por tanto deterioro de la calidad asistencial o del servicio, absentismo laboral, rotaciones excesivas, incluso el abandono del puesto de trabajo.

Hay pocos estudios que analicen la incidencia del SB en profesores de la Universidad. Utilizando el MBI Galindo, Ramos y Cols. (2000) han encontrado que el 87,3 % del profesorado a tiempo completo de la Universidad de Salamanca sufre en mayor o menor grado el SB. De estos, el 18.4% lo padece en su grado máximo y el 68.9 % lo presenta en alguna de sus fases.

Por categorías los que se encuentran menos agotados emocionalmente son los Catedráticos de Universidad, después les siguen los Titulares de Universidad y los Catedráticos de las Escuelas Universitarias. El grupo de los más agotados, como era de esperar, lo forman los Ayudantes y Asociados.

Para la realización de este estudio se distribuyeron 1700 encuestas, de las que se devolvieron 762 ( lo que supone un 45% de participación). No obstante en contraposición a los datos anteriores hay que precisar que el número de bajas laborales de los profesores durante el curso 1999/2000 ha sido muy bajo.

En la Universidad de Extremadura Guerrero (1999) encuentra que el 19% de los profesores alcanzan el nivel de Síndrome de Burnout "bastante elevado" y el 22% en el nivel "intenso".Al igual que en la Universidad de Salamanca Los datos de las bajas laborales también son poco relevantes y escasamente significativos.

También queremos constatar que, de forma similar a lo que ocurre a los profesores universitarios, se empieza a hablar del "síndrome del estudiante quemado" (Ramos, 1999). Aunque apenas existen estudios sobre este tema queremos constatar que el síndrome existe, afecta sobre todo a estudiantes de los últimos cursos de carrera (o incluso a jóvenes licenciados) y se caracteriza sobre todo por alto agotamiento físico y psíquico, para nosotros la dimensión más importante del SB. Creemos que resultaría provechoso definir y precisar mejor este síndrome.

Finalmente, resulta imprescindible destacar el papel importante que tiene la prevención y el tratamiento del SB en el ámbito universitario. Las instituciones universitarias tienen que concienciarse de la gravedad del problema y colaborar más en su prevención y tratamiento, porque no sólo el profesor sufre (lo que no es poco), sino también el alumno y, por ello, la eficacia de la institución y la tan cacareada calidad docente queda afectada y comprometida.

Definitivamente, las autoridades universitarias deben prestarle mucha atención al comportamiento de las universidades, a su clima y tomar las medidas correctivas que garanticen el uso correcto de las energías que se requieren y eviten caer en los efectos que el síndrome manifiesta una vez que se origina. Debe estar vigilante de sus métodos, sistemas administrativos, académicos, liderazgo, motivaciones que favorezcan y alcance resultados sin darle paso a que el estrés se manifieste.