
JOSHUAMORI
El esoterismo nos ha legado enseñanzas positivas en pro del crecimiento del espíritu y sobre ello se ha escrito que sintetiza las filosofías de Oriente y Occidente y es la ciencia del proceso evolutivo, tanto para el hombre como para la naturaleza. Presenta una descripción sistemática y minuciosa de la estructura energética del Universo y del papel del hombre en él. Es también el arte de hacer descender a la tierra y anclar esas energías que emanan de la fuente más elevada.
El esoterismo postula que Dios es la suma total de todas las Leyes y todas las energías gobernadas por estas Leyes, que componen todo en el universo manifestado y no-manifestado – todo lo que vemos y no podemos ver. Dios es también el gran Ser Cósmico que enalma este planeta.
El hombre es, por naturaleza, un Espíritu o Mónada (según la terminología teosófica) que se expresa en varios niveles a través de sus vehículos: el alma o yo superior, que trabaja a través de la persona tal como la conocemos. Este “hombre cotidiano”, o personalidad, tiene un aparato mental, un mecanismo emocional/astral y un cuerpo físico (incluido el etérico).
El hombre por ello es una ‘Chispa de Dios’, un ser espiritual expresándose a sí mismo a través de un cuerpo físico. Cada uno de nosotros es en esencia divino pero, comparados con los grandes hombres y sabios de todas las religiones y campos del esfuerzo humano, la mayoría reconoce o demuestra esta divinidad sólo de forma limitada
Benjamin Creme afirma en La Misión de Maitreya, Tomo III:
“Las Enseñanzas de la Sabiduría Eterna son tan antiguas como la misma humanidad. Son las enseñanzas de un grupo de hombres que han pasado el nivel estrictamente humano y han entrado en el siguiente reino, el reino espiritual. Ellos son los Maestros de Sabiduría y los Señores de la Compasión. Son hombres como nosotros que han expandido su conciencia hasta incluir los niveles espirituales. Hay un gran número de estos hombres iluminados en nuestro planeta, que han estado viviendo en las áreas remotas montañosas y desérticas de nuestro planeta durante incontables milenios. De vez en cuando liberan aspectos de Sus enseñanzas, hasta el punto que podamos absorberlas y utilizarlas, para iluminarnos
Se agrega, que en la época actual, la mayor expresión de esta enseñanza fue dada a través de Helena P. Blavatsky, una de las fundadoras de la Sociedad Teosófica, entre 1875 y 1890. Su libro La Doctrina Secreta es la fase preparatoria de las enseñanzas dadas para el nuevo ciclo cósmico en el que estamos entrando ahora – la Era de Acuario. Una fase posterior fue dada a través de una discípula inglesa, Alice A. Bailey, entre 1919 y 1949 por el Maestro Djwhal Khul (conocido como ‘El Tibetano’), y esta se considera como la fase intermedia de las enseñanzas dadas por los Maestros para la nueva era. Entre 1924 y 1939, otro conjunto de enseñanzas – las Enseñanzas del Agni Yoga – fueron dadas a través de otra discípula rusa, Helena Roerich. Estas enseñanzas de la Sabiduría Eterna son aquellas por las cuales la humanidad se mantiene informada de su divinidad esencial, y de su viaje evolutivo por el cual nos perfeccionamos.”
Desde 1959, el artista y esoterista británico Benjamin Creme, recibe de su Maestro información adicional y actual principalmente enfocada en el emerger de Maitreya y la exteriorización de la Jerarquía como grupo, que divulga en sus giras de conferencias por muchos países del mundo y por medio de la revista Share International.
Las enseñanzas señalan que la revelación divina es cíclica, como es todo en la naturaleza. A lo largo de la historia, cuando la humanidad alcanza un punto importante de crisis, al final de una era o de una civilización, la Jerarquía Espiritual envía a un Instructor para mostrar el camino hacia la nueva era. Los más conocidos de estos grandes mensajeros espirituales son Hércules, Hermes, Rama, Zoroastro, Krishna, Buda, Confucio, Jesús y Mahoma, y cada una de sus enseñanzas dio nacimiento a una nueva religión o civilización.
Como se declara en el sagrado libro hindú, el Bhagavad Gita: “Para proteger a los buenos, y destruir la maldad, para restaurar firmemente la justicia, yo vengo al comienzo de cada era.”
También conocidos como ‘Avatares’, una palabra sánscrita que significa ‘descendiendo de lo alto’, estos Mensajeros Divinos responden a las necesidades de la humanidad del momento. Ellos son perfectos ejemplos de la divinidad que se encuentra todavía en potencia en cada ser humano, y sus enseñanzas han tenido tan enorme impacto en todo el mundo que sus nombres e historias son recordados durante miles de años.
Prácticamente toda tradición espiritual espera ahora el regreso de su venerado Instructor para validar el pasado y continuar la enseñanza. Los cristianos esperan el retorno del Cristo; los judíos, al Mesías; los musulmanes, al Imán Mahdi; los budistas, al Quinto Buddha; y los hindúes, al Señor Krishna. En la tradición esotérica, un individuo – el Instructor del Mundo – es considerado como la realización de todas estas expectativas.
Tony Townsend comenta, que estas enseñanzas no son un producto de una sola persona, ni pertenecen a algún grupo en particular. En cambio, han ido pasando de unos a otros oralmente y por escrito, durante incontables generaciones. Se dice que son la base de todas las religiones del mundo, y de todos los logros científicos, sociales, y culturales. En el siglo pasado han estado más asequibles al público de Occidente en general a través de los escritos de Helena P. Blavatsky, Alice A. Bailey, Helena Roerich, y, en años recientes, Benjamin Creme. Adicionalmente, un acercamiento directo y no teórico a la realidad fue enseñado por J. Krishnamurti. En Oriente estas enseñanzas pueden encontrarse principalmente en los textos fundamentales de las distintas religiones, y han sido transmitidas oralmente por los líderes espirituales y gurús.
La mayoría de las personas no tienen conocimiento real de que hay reinos más avanzados en la naturaleza que el reino humano. Según las enseñanzas de la Sabiduría Eterna, la humanidad se encuentra en un punto a mitad de camino –entre los reinos físicos (mineral, vegetal, animal) y el reino espiritual– y combina elementos de ambos. El reino espiritual más cercano a nosotros, pero mucho más avanzado que nosotros, es un reino de seres distinguidos por su inmensa sabiduría y amor, que podrían personificar lo que para nosotros llamaríamos Dios.
Una vez ellos también fueron seres humanos, hombres y mujeres, como nosotros. Pero hace tiempo se enfrentaron y trabajaron a través de todas las condiciones de la vida, lucharon y dominaron todos los problemas humanos, y –como también es nuestro destino– se convirtieron en Seres semejantes a Dios. Se les conoce como los Maestros de Sabiduría, y como grupo se llama la Jerarquía Espiritual.
Conocidos por sus discípulos y por aquéllos que han leído u oído hablar de ellos, los Maestros de Sabiduría viven en montañas aisladas y centros desérticos, como han hecho sus predecesores desde hace millones de años. Así como nosotros tenemos la finalidad de ser los guardianes de los reinos animal y vegetal, los Maestros de la Jerarquía son nuestros guardianes. A lo largo de la historia la Jerarquía ha guiado a la humanidad, principalmente entre bastidores y a través de sus discípulos, inspirándonos para que seamos conscientes de que nosotros, también, somos seres semejantes a Dios en formación. Sin interferir en nuestra vida diaria, ellos nos ayudan, indirectamente, para avanzar hacia su reino.
Además de trabajar a través de sus discípulos, uno o más Maestros vienen periódicamente (al principio de cada era astronómica) al mundo cotidiano para dar nuevas y más correctas enseñanzas para nuestro a menudo confuso y agitado viaje. En cada uno de estos periodos, el Maestro principal que viene a la cabeza normalmente es el líder de la Jerarquía. Él es el más sabio de todos y tiene la capacidad más profunda de amor. Se le conoce como el Instructor del Mundo, y es asistido por uno o más de Sus discípulos. El Instructor del Mundo da Sus enseñanzas a través de estos colaboradores que a su vez las distribuyen a la humanidad. En el pasado, tales enseñanzas se convirtieron con el paso del tiempo en las religiones principales del mundo. Esas religiones o filosofías que siempre distorsionaron las enseñanzas originales sirvieron al propósito de hacer que las personas se volvieran hacia líneas más correctas durante un tiempo, hasta que una nueva dirección era necesaria – y un nuevo instructor aparecía.

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