

JOSHUAMORI
De por sí estamos en una era de consumismo, en donde la Globalización ha inciddido determinantemente en el comportamiento de los consumidores, lo ha esclavizado, hasta el extremo que aprovecha toda las celebraciones que la raza humana ha establecido en fiestas universales, como el caso de la Navidad .
No nos soprende que Susana Reinoso escriba sobre ello, que cada diciembre los centros comerciales aparecen colmados de gente apresurada que carga bolsas de todos los colores. Lista en mano, nada puede quedar fuera de las previsiones de Navidad. Las reuniones de familias y amigos aumentan el estrés en una celebración que, paradójicamente, invita a la serenidad y a la reflexión. Todo empieza con la decoración navideña en comercios, calles y plazas. Y junto con las luces de fin de año, llega el tiempo de rendir culto al consumo.
Comerciantes y productores de electrodomésticos, ropa y adornos saben que su facturación tiene entre un 22 y un 28 por ciento de alza asegurado.
El vuelco a las compras es masivo. Por eso, resulta retórica la pregunta sobre cuántos se preparan espiritualmente cada Navidad para recibir el renovado mensaje del Hijo de Dios. No son pocos los que barruntan si el dios del amor ha sido superado en estos tiempos por el poder del consumo.
Arnaldo Zenteno nos agrega, que vivimos dentro del torbellino comercial de las compras y más compras, de los regalos y más regalos. Es el torbellino Consumista que tiene su dios y sus ídolos: Santa Claus y el dinero. Tiene también sus Santuarios: los grandes centros comerciales. Y todo esto en nombre o con el pretexto de la Navidad. Esta navidad comercial es buena noticia para los que tienen dinero, para los comerciantes, para los que reciben costosos regalos, para los Medios de Comunicación que rebosan de anuncios y más anuncios muy bien pagados.
De esa Mesa rica también caen algunas migajas - como caían de la mesa del Epulón que critica el Evangelio. Migajas para los pequeños comerciantes, para los taxistas que hacen su agosto en diciembre, y para las Niñas y Niños pobres que reciben como gran cosa, un juguetito. Sin duda hay sus excepciones, hay gente que tiene dinero, que son justos en su trabajo y pago de salarios, y que comparte con buena voluntad unos regalos para las Niñas y Niños desamparados. También hay gente de clase media y gente pobre que comparte con los más pobres. Hay excepciones, pero en general el torbellino comercial y la competencia de regalos, nada tiene que ver con la Navidad Cristiana.
En la navidad comercial y en el desenfreno consumista, no está Jesús en el Centro. Y en ese mundo domina, campea la injusticia. El consuelo que ofrece al pueblo es propaganda comercial, el que los pobres puedan ver los aparadores o se frustren más por no poder comprar buenos regalos. El consuelo del mundo neoliberal son palabras, palabrería: nos irá mejor con el TLC. La felicidad está en los buenos regalos. Y también están las promesas politiqueras de que nuestra Nicaragua será mejor cuando ellos gobiernos y se satisfarán las necesidades y sueños del pueblo. ¿Cuántos políticos electores, son Santa Claus con otro disfraz?
Susana Reinoso , nos agrega que para el filósofo Enrique Valiente Noailles, "estamos en lo que Lipovetsky denominó la era del vacío. El consumo es el epicentro de toda actividad de la humanidad contemporánea. Una fiesta de origen espiritual, en un contexto de este tipo, sólo acentúa la percepción de lo que falta. Por tanto, hace más frenética la búsqueda de un sustituto. El consumo es la herramienta que hemos diseñado para intentar escapar a la fosa común de la ausencia de un sentido".
El sociólogo Fortunato Mallimaci aportó esta perspectiva: "Me parece muy bien que la gente consuma muchos bienes materiales. Eso significa que hay una sociedad que puede hacerlo. Sobre todo, porque en 2001 y 2002 esa sociedad vivía el consumo como un sufrimiento. También existe hoy un gran consumo de bienes espirituales, porque mucha gente cree que eso puede dar respuesta a sus necesidades, al margen de las respuestas provistas por las instituciones religiosas".
Agregó: "El sentido espiritual de la Navidad no está en retroceso, sino que hay diversos sentidos de lo que hoy es ser cristiano para distintos grupos sociales. Hay que descubrir cuáles son y no quedarse en la mirada nostálgica. Celebrar una fiesta donde hay pan y comida tiene un sentido cristiano de comunión muy fuerte".
Finalmente Torres Collazo nos señala que vivimos un consumismo exagerado y vulgar que nada tiene que ver con los verdaderos valores de solidaridad, paz, compasión y amor que nos trajo el niño Jesús de Belén que nació pobre.El mercado con su dictadura del consumismo se nos impone, nos manipula sutilmente de manera bella y deseable para vender y vender, a través de sus tentáculos de las agencias de publicitarias. Nos lava el cerebro, nos satura los sentidos, haciéndonos creer que lo más importante es comprar, comprar cosas que frecuentemente son innecesarias y superficiales. Nos engaña haciéndonos sentir que somos libres, cuando en realidad en lo más profundo de nuestro ser, somos en cierto modo esclavos del consumismo. La dictadura del consumismo con su poder reprime nuestras almas, corazones, mentes y margina o censura a cualquiera que se oponga a su rico negocio, se nos considera comunistas, exagerados de hablar de la dictadura del consumismo o de "agua fiestas". El logro de la dictadura del consumismo es: Compro y luego existo.
Esperamos que usted no sea prisionero del consumismo y disfrute una Navidad en paz, unión, amor, reflexión con sus seres queridos y sobre todo comparta con aquellos desposeidos que los hay los miles en este planeta Tierra.

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