JOSHUAMORI
Los colombianos no salemente quienes habitan en el país , sino aquellos dispersos por el planeta, decidieron protestar contra lo que la Farc ha representado en su Historia en los últimos 50 años
Según comenta el diario el tiempo, los colombianos inauguraron una nueva era de la protesta social en el mundo. La globalización del repudio.
La historia dirá que la primera gran marcha realizada en distintas partes del planeta, de manera simultánea y convocada por una red social (Facebook), se hizo contra las Farc, un grupo "terrorista" acusado de secuestrar y asesinar en Colombia, y que millones de personas reaccionaron en su contra marchando de manera pacífica en todos los continentes.
El éxito de la jornada se debe, principalmente, a la 'magia'de Internet. Al llamado marketing viral, capaz de hacer que un mensaje se despliegue a gran velocidad, en cuestión minutos, en grandes masas o audiencias, sin importar fronteras, idiomas o culturas. En este caso el puente fue Facebook, que en la actualidad tiene 64 millones de personas activas, cifra que crece a una tasa diaria de 250.000 nuevos inscritos.
Destaca el Diario La Nación de Buenos Aires, que el grupo internacional No más FARC, nacido en Internet para expresarse tras la fallida operación de rescate de secuestrados en manos de este grupo terrorista, en diciembre último, realizsó una movilización en más de 30 ciudades de Colombia y en otras tantas del mundo entero, entre las cuales se encuentran Nueva York, Boston, Washington, Chicago, Montreal, París, Madrid, Londres, La Haya, Tel Aviv y, también, Buenos Aires.
A partir de la iniciativa de un grupo de personas, colombianas y no colombianas, en la red mundial de Facebook, surgió el mencionado grupo cuyo lema es "Un millón de voces contra el secuestro". En muy pocos días el grupo comenzó a recibir un apoyo apabullante de usuarios de Facebook, que se unieron a la causa y fue entonces que entre todos nació la idea de una movilización de protesta contra las FARC para el 4 de febrero.
No es nuevo que, a través de Internet, se convoque a los ciudadanos a apoyar determinadas causas. Conviene recordar que en nuestro país la organización Greenpeace logró reunir así más de un millón de firmas en apoyo del tratamiento y aprobación del proyecto de ley de bosques nativos en el Congreso de la Nación. Esta vez se pretende ir más lejos y lograr que los ciudadanos se manifiesten con su presencia física y real.
Todo parece indicar, que la sociedad colombiana ya se cansó de estar doblegada ante el miedo a perder la vida, la libertad y la dignidad a causa de los siniestros designios de un grupo terrorista, y, a través de esta convocatoria a una movilización internacional, busca que la opinión pública de todo el mundo no olvide el horror que están viviendo los secuestrados, sus familias y la comunidad colombiana en su conjunto. Por eso, "Un millón de voces contra el secuestro" no tiene filiación política, no está asociado a ninguna organización o fundación, y con esta marcha quiere dejar sentada su posición de rechazo frente a todas las acciones que las FARC desarrollan en el país.
Desde pequeños grupos como el de Irak (3 personas), con un cartel artesanal en español que decía: "Soy Julio, vivo en el Kurdistan irakí. Desde aquí, paz para Colombia, fin para las Farc"; el del desierto del Sahara (en Argelia, de 5 personas), con una pequeña pancarta que reza: "No más Farc, rompamos esas cadenas"; o los millones que desbordaron las vías y las plazas de la capital colombiana (la más grande de todos los tiempos), con todo tipo de condenas a esta organización alzada en armas desde hace casi 50 años.
Tampoco se había visto, jamás, así como ayer, la capacidad de convocatoria y de respuesta ciudadana, alejada de intereses partidistas. Fue un solo hombre, Oscar Morales, un ingeniero civil, quien desde la soledad de su casa, en Barranquilla, originó la convocatoria. Y tampoco se había visto que millones de colombianos respondieran de manera tan espontánea.
En Colombia hubo un desbordamiento humano en veredas, barrios, pueblos y ciudades, hastiado de la violencia.
Los políticos y sociólogos, acostumbrados los primeros a generar movimientos de masas y los segundos a estudiar estos fenómenos, apenas empiezan a digerir lo de ayer.

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