JOSHUAMORI
Todo pareciera ser que en Africa hay personas que están despertando sobre la necesidad de darle ese impulso que requiere ese contiente para salir de la miseria, el atraso a donde está sometido y en donde todavía el tiempo presente lo señala, como un continente que necesita de cambios , de transformaciones , de soluciones a los múltiples y serios problemas económicos,políticos, sociales, culturales que afronta.
Todo parece indicar, que hay una generación de mujeres, que está tratando de decir BASTA y empezar a despertar a sus compatriotas, al mundo, de lo que representa Africa y todo lo que se debe de hacer a fin de sacarlos de esa situación crítica que se afronta.
No se puede uno detener solamente señalando en Africa sus crisis en todo los aspectos, especialmente lo que ha sido mucho de mi interés el del tráfico, negocio de la prostitución de niños y su explotación en el trabajo , sin que hay que resaltar las transformaciones que en su seno se está gestando
Así se encuentran noticias que merecen resaltarse y considerarse como lo destaca Evangeline O’Regan en redescristinas. net de que África no es un continente dormido. África no está a la espera de lo que el resto del mundo puede hacer por ella. Hay mujeres que pueden demostrar lo contrario. Hay mujeres que no están dispuestas a quedarse de brazos cruzados. Son las compañeras de batalla de la premio Nobel keniata, Wangari Mathai -que consiguió el premio Nobel de la Paz en 2004 por su contribución al desarrollo sostenible- o la presidenta de Liberia, Ellen Johnson -la primera mujer africana en ser elegida jefe de Estado-, mujeres que están siendo las portavoces de sus congéneres y están liderando el cambio tan anhelando en el continente. En Benin, un pequeño país de sólo 7 de millones de habitantes en el Oeste de África, viven, trabajan, estudian y luchan algunas de ellas. Esta es su historia.
¿Quién es Edith Dzampe? sobre ella O`Regan señala que es una mujer corajuda, fuerte y con las ideas muy claras. La vida de Édith no ha sido fácil, como la de la mayoría de niñas y mujeres que nacen y viven en África. Desde pequeñas llevan sobre sus hombros la carga de proveer comida y agua para la familia, sin pensar por un momento en ellas mismas. La vida de Edith sigue sin ser fácil. Nació en un pequeño pueblo en el norte de Togo, lejos de las oportunidades de Lomé, la capital pero en su juventud hubo un punto de inflexión, según cuenta, dejó las prácticas de religiosas ancestrales para convertirse al cristianismo. Gracias a su nueva fe, Édith empezó a colaborar con varias organizaciones cristianas de ayuda al desarrollo que la llevaron desde su pequeño pueblo en el norte de Togo a sus países vecinos en el oeste de África y hasta Europa y Estados Unidos. Sus viajes por todo el mundo, le abrieron la mente y a su vuelta a su país natal, Édith no se amoldó a la idea su familia tenía para ella.
Édith ha visto mucho y está empeñada en cambiar la realidad de las mujeres que la rodean. Édith es una motivadora. No tiene pelos en la lengua y comunicará su mensaje cueste lo que cueste. Édith está en Benin acompañando a una organización estadounidense, Women’s Enterprises Internacional -que trabaja con mujeres en países en desarrollo- y ante un grupo de madres en Lokossa (Bénin), saca lo mejor de sí misma. Una de las mujeres asistentes al encuentro se levanta y afirma que la raíz de sus problemas es la pobreza, lo que necesitan es dinero para empezar negocios. El comentario de esta madre desolada no convence a Édith, porque para ella la pobreza no tiene porque determinar el futuro de sus vidas. Así que se levanta y le pregunta "¿Tienes un cerebro?, ¿tienes dos manos?, tienes dos piernas? -la madre asiente-. Pues entonces tienes todos los instrumentos necesarios para poner fin a tu necesidad", le rebate Édith Dzampe.
En las visitas a los colegios y a las escuelas secuendarias, Édith también comparte unas palabras con los estudiantes que forman parte del programa de becas de WEI, New Hope Benin. "Tenéis que aprovechar la educación que se os ofrece". El mensaje de Édith es duro y directo, pero ella habla desde la pasión y no tolerará ningún mensaje que ceda ante la lástima propia. Édith acaba de perder a su hermana a una enfermedad desconocida, probablemente Sida, y ha tenido que hacerse cargo de sus sobrinos y una madre anciana. Es lo que esperan de ella. Su vida no es fácil pero Édith está convencida de que las cosas pueden cambiar, en su familia y en su país.
Probablemente, a corto plazo ante las acciones de esta mujer se manifieste un despertar en la mujer africana que emprenda las transformaciones que ayuden a salir adelante a este continen y aparezcan otras capaces de integrarse a esta lucha que es loable.


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